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Organ²/ASLSP – el concierto más lento del mundo

En 1998, un grupo de compositores, musicólogos, organistas y filósofos alemanes imaginó una interpretación ajustada al tiempo inexistente de un órgano moderno.

En 1998, cuando un grupo de compositores, musicólogos, organistas y filósofos alemanes reflexionaba sobre el hecho de que un órgano puede mantener una nota indefinidamente, se les ocurrió la idea de una interpretación calibrada según el límite temporal inexistente de un órgano de teclado moderno. El resultado fue lo que hoy se conoce como el concierto más largo y lento del mundo.

La partitura de “Organ²/ASLSP”, marcada con las fechas de los cambios de acorde. Imagen con copyright de Gordon Welters para The New York Times

El concierto Organ²/ASLSP comenzó en Halberstadt, Alemania, el 5 de septiembre de 2001, en la iglesia medieval de St. Burchardi. Programado para durar hasta el año 2640, este concierto nace del genio del compositor estadounidense John Cage, quien escribió una pieza para piano con la indicación de que el tempo fuera “lo más lento posible”. La pieza dio lugar a lo que hoy es el concierto más largo y lento del mundo, cuya duración prevista es de 639 años. El espectáculo Organ²/ASLSP tiene lugar en lo que se considera el primer teclado de órgano moderno, construido por Nicolaus Haber en 1361 en Halberstadt, exactamente 639 años antes del comienzo del siglo XXI, informó Catherine Hickley de The New York Times.

Una pantalla transmite el cambio de acorde a los espectadores, separados por la distancia de seguridad, frente a St. Burchardi. Imagen con copyright de Gordon Welters para The New York Times

Desde su inicio, presenciar cada cambio de nota se ha convertido en un ritual para los seguidores: hasta ahora, 140.000 personas han visitado Halberstadt para asistir a la interpretación en curso. Rainer Neugebauer, profesor jubilado de ciencias sociales que dirige la John Cage Organ Foundation —la entidad organizadora del concierto—, explicó que el cambio de acorde era algo que “no podían posponer”, ni siquiera durante una pandemia mundial. Así, para el primer cambio de acorde desde 2013 —ha habido catorce cambios hasta ahora—, espectadores de Dinamarca y la República Checa acudieron para ver a la soprano Johanna Vargas y al compositor Julian Lembke bajar dos tubos nuevos hasta el cuerpo del órgano, creando un acorde nuevo de siete notas: C, D bemol, D sostenido, A sostenido, E, y los nuevos G sostenido y E.

Johanna Vargas (izquierda) y Julian Lembke (derecha) añaden tubos al órgano para efectuar el cambio de acorde. Imagen con copyright de Gordon Welters para The New York Times

Según Neugebauer, la interpretación “no es un proyecto para las masas”, sino un “punto de cristalización del arte contemporáneo” que “atrae a gente interesante a Halberstadt”. Para el alcalde de la localidad, Andreas Henke, la interpretación plantea “preguntas filosóficas” sobre cómo el tiempo obliga al espectador a “dar un paso atrás y ralentizarse”. La “gran esperanza” de Henke es que el proyecto dure hasta 2640, lo que exigiría múltiples relevos entre varias generaciones. Sin embargo, la interpretación no necesita tanto un organista dedicado como tubos que se añadan o retiren en cada cambio de sonido y que se mantengan presionados con sacos de arena.

Pedales que activan los tubos de los órganos, mantenidos presionados por sacos de arena. Imagen con copyright de Gordon Welters para The New York Times

Los donantes privados pueden financiar los costes de mantenimiento y funcionamiento, lo que permite patrocinar una sola nota —que suena durante un año— por más de 1000 €. Los donantes reciben reconocimiento mediante una placa metálica con su nombre grabado, que después se exhibe en la catedral durante todo el periodo del patrocinio. Aunque el proyecto ha recaudado aproximadamente un millón de euros, las donaciones han ido disminuyendo y las necesidades económicas siguen acosándolo, explicó Neugebauer.

 

 

 

 

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